En los lugares más repudiados de las ciudades, los vertederos de basura, existen oportunidades para generar energía, abrir nuevos mercados, producir abonos y combatir el calentamiento global.

La cantidad de desperdicios que producimos crece tanto y tan rápido como la urbanización y la presión de la ciudadanía para el desarrollo de medidas eficientes para el tratamiento de los desechos orgánicos e inorgánicos. Según proyecciones del Worldwatch Institute, el volumen total de los residuos sólidos podría duplicarse para 2025, de 1.300 millones de tonealdas anuales a alrededor de 2.600 millones.

En la mayor parte de los países, la responsabilidad de implementar las dinámicas de manejo de basuras en las ciudades es de la administración local, pero tanto usuarios como inversionistas privados juegan un rol que puede ser definitivo para el problema de saturación de los rellenos sanitarios y las altas emisiones de gases de efecto invernadero que producen.

En Bogotá, por ejemplo, se descargan cada día alrededor de siete mil toneladas de basura en el botadero Doña Juana, el más grande del país. De ellas, el 60 por ciento son desechos orgánicos. Paola Vega Manco es ingeniera agrónoma y fue directora de proceso de aprovechamiento de este relleno. Su experiencia le ha dejado varias lecciones claras. La primera es que mientras no existan políticas rigurosas de separación de residuos en la fuente es muy poco lo que se puede hacer para darle un segundo ciclo a los desperdicios. “La materia orgánica no se puede aprovechar porque viene mezclada con otras cosas desde la fuente. Si los residuos orgánicos llegaran correctamente separados se podría generar con ellos biogás, abonos y coadyuvantes en la recuperación de suelos, por ejemplo”, explica la ingeniera.

El segundo asunto comprobado para Vega es la urgencia de tratar los residuos orgánicos ya que son estos los mayores emisores de gas metano que contribuye al calentamiento del ambiente. “En el proceso de descomposición, la materia orgánica genera gas metano que contamina diez veces más lo que contamina una unidad de CO2. Entonces lo que debemos hacer con estos residuos es reutilizarlos en la tierra o confinarlos para capturar el gas metano que puede ser útil en la producción de energía”.

No menos importante es, a su criterio, el aprovechamiento de material reciclable que no solo reduce el tamaño de los campos de basura, sino que es una oportunidad de negocio comprobada. Por ejemplo, existe una clara oportunidad en la implementación de tecnologías y mecanismos que permitan reciclar todo tipo de plásticos y abrir mercado para estos materiales.

En sintonía con las situaciones que viven ciudades como Bogotá, la Corporación Financiera Internacional (IFC) presentó su estrategia para desplegar inversiones del sector privado en el aprovechamiento eficiente de residuos. En su más reciente Plan de Implementación Climática, la IFC afirma que enfocará sus recursos en apoyar iniciativas del sector privado depara impulsar la producción de energía a partir de los desperdicios, combustible sólido recuperado, reciclaje de desechos electrónicos y peligrosos, gestión integral y tratamiento de residuos para la disminución de emisiones contaminantes y captura y uso del gas metano en vertederos.Por el momento, la IFC ha concentrado su atención para este tema en Brasil, China, Turquía, Indonesia, India, Egipto, Filipinas y países subsaharianos. Y las medidas implementadas y los casos de éxito que resulten de esta etapa de respaldo de la IFC serán modelos que podrán adaptarse a la situación de nuestros países latinoamericanos y de ciudades como Bogotá donde existen enormes oportunidades y, según Vega, “se requieren importantes inversiones.”